Liceo Manuel Arriarán Barros

Viernes, 24 Septiembre 2021

Padre Mario Scomparín: un corazón puesto al servicio de Dios y la comunidad salesiana

Hoy viernes 24 de agosto, a casi ya un mes de su partida a la Casa del Padre Dios, nuestra comunidad educativa pastoral se reúne con alegría, para celebrar la memoria del Padre Mario Scomparín Chinellato, reconocido sacerdote de la obra salesiana de la Zona Sur, quien cumpliría 87 años.

 No es de extrañarse que, para un hombre que entregó su vida a Cristo, el listado de obras y reconocimientos sea extenso: a los 67 años desde su profesión religiosa, se agregan otras distinciones, como haber sido reconocido ciudadano ilustre de la comuna de la Cisterna en 2005, y la obtención de la Cruz del Apóstol Santiago en 2018, por su contribución a la arquidiócesis de Santiago en diversos campos.

El Padre Mario Scomparín nació Italia en 1934. Llegó a Chile como misionero a Chile en 1952, a la edad de 18 años, y realizó su primer oficio religioso el 16 de agosto de 1954; 10 años más tarde, el 22 de agosto de 1963, fue ordenado sacerdote.

Amable y preocupado por la gente

Una persona que lo conoció bien, y que además enfrentó uno que otro desafío profesional junto al Padre Mario, fue el Padre Maximiano Ortuzar: se conocieron a principios de los 90´, cuando se desempeñaba como director de los pos novicios en el Seminario de Lo Cañas. Luego se volvieron a encontrar, cuando el P. Mario volvió de Punta Arenas para ejercer la dirección del Teologado de Santiago por 5 años.

En el LAB, fue la tercera y última vez donde se reencontraron, aquí compartieron los últimos 7 años: “Fue un hombre de gran corazón, querido por mucha gente. Tenía un carácter fuerte -se enojaba fácilmente – uno podía pensar que eso alejaba a las personas. Sin embargo, quienes lo conocían lo apreciaban mucho: incluso jóvenes lo visitaban y conversaban constantemente. En la comunidad aportaba un ambiente muy fraterno, compartía en la mesa con mucha alegría, nunca con discusiones”, sostuvo el Padre Max.

 “Debido al tiempo y su presencia en la zona sur, lo conocía mucha gente, en la calle lo saludaban con mucho cariño. Como párroco atendía siempre en su oficina, sin importar la necesidad, incluso en un momento ayudó con mucho cariño a una comunidad haitiana recién llegada al país: les hizo clases, consiguió hablantes en francés, entre otras cosas que los ayudaron para poder arreglársela al principio”, agregó el párroco.

“Un cura con mucho patio”

“Había que escuchar con bastante atención al Padre Mario; tenía esa fuerza en la voz, y pasión por lo que hacía -pero por, sobre todo- tenía esperanza en la juventud. Por eso, cuando veía que los jóvenes no caminaban en la dirección indicada, nos llegaba el reto a quienes estábamos delante de estos procesos, pero siempre con un cariño y escucha increíble”. Así recuerda Enzo Sáez la pasión que entregó hasta el último de sus días el P. Mario.

Actualmente, Enzo se desempeña como Secretarito Pastoral del Colegio Salesiano Domingo Savio. Sin embargo, fue en 2012 cuando llegó a trabajar a la casa Juvenil de Don Bosco en La Cisterna, lugar donde el Padre Mario era el párroco responsable: “En conjunto organizábamos todo el proceso sacramental de la parroquia, en la medida que también discutíamos cuál era la forma de atender y educar a nuestros jóvenes”.

El educador, también recuerda el compromiso del P. Mario con los jóvenes y la forma en que dejaba los pies en la calle: “Fue un cura con mucho patio, quería a los jóvenes comprometido especialmente con la sociedad, lo indisponía verlos encerrados; buscaba que heredaran el compromiso de mirar lo que está ocurriendo. Su sueño era que nos comprometiéramos en conjunto con la sociedad que necesitamos”.

Maestro, amigo y padre espiritual

Ama, si no puedes amar mucho, no enseñes a niños.  Para Marcela Yáñez, profesora y rectora del Liceo Salesiano Manuel Arriarán Barros, el verso anterior de la poetisa nacional, Gabriela Mistral, refleja la concepción de comunidad educativa del Padre Mario.

La comunidad educativa y pastoral del LAB, extrañará al Padre Mario, su presencia, que se hacía notar entre los jóvenes y educadores, siempre mirando cómo mejorar cada espacio para que estuviera disponible para todos, para que cada uno de los trabajadores y colaboradores fuese justamente retribuido. Extrañaremos por sobre todo sus “Buenos Días” de los jueves, en los que los chicos, prestaban especial atención”, aseguró.

Para finalizar, la rectora tuvo un momento para recordar una conversación que tuvo con el Padre Mario Scomparín tiempo antes de su fallecimiento, y que pone en el centro a la figura de Don Bosco:

“Una vez el padre me dijo: ¡Qué bueno que trasladaron a Don Bosco a la entrada para que reciba a los niños! pero no basta con eso; Don Bosco debe caminar por los patios, hacerse presente en cada educador, en cada sala o intervención que realicen…la espiritualidad de Don Bosco está en la acción, esto implica estar con los jóvenes y que ellos se den cuenta de lo que Dios quiere para ellos”.

Felices 87 años Padre Mario Scomparín Chinellato, un abrazo al cielo y que la Virgen Auxiliadora, a quien amaste y a la que dirigías tu mirada cada mañana, te acompañe a caminar todas las tardes por el reino de Dios.

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